Imaginemos que estamos por enviar por correo una caja de copas de cristal. Lo más probable que en su exterior pongamos varias veces y en un color que resalte la palabra ¨frágil¨. Esto significa que el contenido que hay adentro si es maltratado, se dañará irremediablemente. Pero ¿cuál es el concepto opuesto a frágil? Si buscamos un antónimo veremos que no hay una palabra que defina exactamente lo opuesto. Podríamos decir que esa palabra es robusto, duradero, rígido, pero no son conceptos que hablen exactamente de lo opuesto.
Lo robusto es algo que no se deforma, no se rompe, se mantiene en el tiempo, en cambio lo frágil es algo que cambia de estado, pasa de estar entero a roto, de algo funcional a algo disfuncional. Es por eso por lo que lo opuesto debería ser algo que luego de ser maltratado cambie de estado a algo superior, que se potencie por el maltrato de ese paquete (que debería decir en su envoltura: ¨se ruega maltratar¨). Ese concepto no tiene definición en ninguna lengua y se lo podría definir como antifrágil.
En el lado opuesto a lo frágil hay cosas que se benefician de las crisis; prosperan y crecen al verse expuestas a la adversidad, al azar, al desorden y a los estresores; les encanta la aventura, el riesgo y la incertidumbre. La antifragilidad es más que resiliencia o robustez. Lo robusto aguanta los choques y sigue igual; lo antifrágil mejora.
Este concepto lo desarrolla Nicholas Nassim Taleb en su libro homónimo. Para ejemplificar los estados de fragilidad, robustez y antifragilidad. El autor toma tres mitos o leyendas para explicar estos conceptos: la espada de Damocles, el ave Fénix e Hidra de Lerna.

Dionisio fue el gobernante de la ciudad de Siracusa. El nombre de Dionisio recuerda al dios griego del vino y la juerga, y él estuvo a la altura del nombre. Aunque era rico y poderoso, era sumamente infeliz. Su forma de gobernar tan estricta le había generado muchos enemigos y estaba atormentado por el miedo a ser asesinado. Un día un adulador de la corte llamado Damocles lo elogió y comentó lo dichosa que debía ser su vida. En respuesta a eso, Dionisio lo invito a ocupar su lugar por un día, lo sentó en su dorado trono y ordenó a una multitud de sirvientes que le agasajaran. Se le mimó con suculentas carnes, licores, perfumes maravillosos y ungüentos. Damocles no podía creer su suerte, pero justo cuando empezaba a disfrutar de la vida de un rey, notó que Dionisio había colgado una espada afilada desde el techo, solo suspendida por un solo pelo de crin de caballo, apuntando a su cabeza. Después de lanzar varias miradas nerviosas a la hoja que colgaba sobre él, pidió ser excusado, diciendo que ya no deseaba ser tan afortunado.
Damocles es frágil como el gobierno de Dionisio. Esta fragilidad fue ejemplificada por el presidente de los estados unidos J.F. Kennedy 1961 en plena guerra fría cuando dijo en un discurso en la ONU: ¨ Cada hombre, mujer y niño viven bajo una espada nuclear de Damocles, con el más delgado de los hilos, capaz de romperse en cualquier momento por accidente o error de cálculo”.

Por otro lado, podemos comparar a la robustez o resiliencia con el mito del Ave Fénix. Su origen se remonta a Libia y Etiopía, aunque su nombre proviene del griego y significa rojo. Representado como un enorme pájaro envuelto en llamas y de plumaje como el fuego, se lo consideraba un semidiós, ya que era consumido por las llamas, para luego renacer de sus cenizas. Los griegos lo bautizaron Phoenicoperus, para ellos, el ave fénix poseía plumas deliciosamente perfumadas y era un animal sagrado que sólo existía en Egipto, volaba hacía el altar del Heliópolis cada quinientos años, donde se incendiaba con el fuego y renacía al día siguiente. En Egipto se lo llamaba Bennu y simbolizaba las crecidas del Nilo, a la resurrección, y al Sol, que muere y renace todos los días.
La robustez de algo que no cambia de estado siempre es el mismo a pesar del maltrato o la influencia de cualquier estrés. Es la capacidad de sobreponerse a momentos críticos y adaptarse luego de experimentar alguna situación inusual e inesperada o sea volver a la normalidad: resiliencia.

Por último, la Hidra era una bestia que había sido criada en los pantanos de Lerna, desde donde se marcharía a las planicies para acometer rebaños y asolar la tierra. Era de enorme tamaño, con ocho cabezas mortales, y una novena en el centro que era inmortal. La característica principal de Hidra era que tan pronto una de sus cabezas era cortada, otras dos crecían en su lugar. Dicho de otra forma, el daño le hacia bien, la fortalecía. Este es el sinónimo de antifragilidad. Para no dejar sin final la leyenda, Hercules logró derrotar a la bestia cauterizando con una antorcha los muñones de las cabezas que le iba cortando con su espada, impidiendo que estas le vuelvan a crecer.
En el deporte, las adaptaciones positivas a la adversidad son lo mínimo que se espera (resiliencia o robustez) dentro de un proceso de entrenamiento, ya que la fragilidad nos llevaría a la lesión o el abandono. La antifragilidad seria la opción para ese crecimiento ante la adversidad es decir ir más allá de la resiliencia, proporcionando un mejor campo para la adaptación y mejorar el rendimiento. Un sistema antifrágil es aquel que se adapta a los factores estresantes. Esta es una diferencia sutil, pero muy importante de la capacidad de recuperación, con implicaciones importantes para la evaluación del atleta y el entrenamiento para mejorar el rendimiento.

La capacidad de los sistemas biologicos de adaptarse y crecer a partir de los estresores del medio ambiente se denomina hormesis. Este concepto describe la relación bifásica entre la dosis de un estresor potencialmente danino y la respuesta que ese estresor desencadena en el organismo. Si la dosis es muy pequeña podría tener un efecto beneficioso en el corto plazo, y si la dosis es muy alta podría provocar el efecto opuesto. La clave de todo es encontrar el nivel optimo de estrés (carga) para provocar la respuestas esperadas.
©La plasticidad fenotípica captura cuán adaptable es un atleta a una variedad de entornos y, en última instancia, proporciona un índice de antifragilidad.
En un estudio reciente Hill, Kiefer y colaboradores (2020) aplicaron estos conceptos a la escalada. Sus hipótesis planteaban que un grupo de escaladores con un nivel de escalada similar exhibirían un amplio rango de puntaje en la plasticidad fenotípica y que los niveles de carga producen respuestas funcionales que se intensifican al aumentar la carga antes de alcanzar una amplitud máxima. Después de la amplitud máxima, el patrón de respuesta comienza a revertirse hasta que el rendimiento del atleta comienza a disminuir, hasta la imposibilidad de rendir.
El primer paso es identificar las variables que definen el estado físico de un atleta en los entornos de rendimiento. A continuación, estas variables de aptitud física (o conjuntos de variables) se miden en múltiples puntos temporales en una variedad de contextos más complejos y desafiantes (o intervenciones de dosificación), y se utilizan para crear una serie de puntuaciones de aptitud física basadas en una o más de las variables identificadas. La plasticidad fenotípica se cuantifica no en función de una puntuación aislada, sino en función de la curva de aptitud longitudinal creada al trazar una serie temporal de puntuaciones de aptitud y luego calcular el área bajo la curva de aptitud longitudinal (Kiefer, 2017)
En el caso del citado estudio se tomo como variable a la dificultad de once boulders diferentes desde el 5A al 7B diseñados por un route setter profesional, todos los boulders tenían al menos una zona. Se reclutaron a 37 escaladores de nivel intermedio (26 hombres y 11 mujeres) en un gimnasio de escalada local. Los participantes debían escalar en intensidad creciente la mayor cantidad de boulders posibles en un periodo de 10 minutos, y solo se les permitía pasar al siguiente boulder más difícil una vez completado el recorrido. Podían realizar la cantidad de intentos que quisieran. Luego de esta prueba, se les daba un descanso de 10-15 minutos, donde se les pedía llenar un cuestionario, y finalizado este tiempo volvían a realizar los mismos bloques en las mismas condiciones que la primera vez.
Se cuantificó el resultado de los individuos a través de una combinación matemática de dos medidas obtenidas: a) rendimiento alcanzado (el porcentaje completado) y b) el numero de intentos requeridos para tal fin. Con estos datos ubicaron esos datos en función de la dificultad de los boulders. Para determinar la zona debajo de la curva (PF) se realizo una sumatoria de las puntuaciones individuales de cada uno de los boulders.
La hormesis y la plasticidad fenotípica tiene el potencial de proveer a los entrenadores y a los atletas con un método objetivo para determinar la carga de entrenamiento. Por lo tanto, la PF proporciona un enfoque analítico integral para entender la adaptabilidad del atleta a entornos deportivos heterogéneos. Los atletas que alcanzaron el mismo rendimiento (por ejemplo, llegaron a completar el Boulder de intensidad 8 de 11) pueden demostrar un amplio rango de PF indicando diferentes niveles de adaptabilidad bajo diferentes cargas.
Estos perfiles graficados permiten determinar los recorridos que no desafían a los atletas, los que superan su capacidad y los que realmente desafían al deportista. Las primeras, son las completadas con facilidad y en un solo intento (obtienen una puntuación 1), las segundas cuando ya no se pueden realizar ningún progreso independientemente del numero de intentos (obtienen puntuación 0). Entre esos dos extremos se encuentra la zona donde el desafío es optimo para el deportista. Podemos ver en el siguiente gráfico la respuesta de cuatro diferentes atletas del estudio que llegaron al mismo nivel de intensidad de boulder.

Si observamos las figuras, veremos que los escaladores A y B tienen un patrón similar de respuesta con un área debajo de la curva (PF) similar, pero en el caso de los otros dos atletas definitivamente tienen otra respuesta a la carga. Es por ello por lo que se definen ventanas de entrenamiento individualizadas, no solo por el nivel alcanzado, sino por la estructura de la plasticidad de cada uno de los atletas.

En la figura siguiente se pueden ver dos ejemplos, en donde los escaladores A y B a pesar de tener igual máximo alcanzado, su ventana de entrenamiento es muy diferente; el escalador A tiene una plasticidad alta, con una ventana de entrenamiento recomendada dentro de las altas dificultades, en cambio el escalador B tiene una ventana de entrenamiento recomendada mas amplia, incorporando recorridos de baja a alta intensidad. Generar estos perfiles individualizados de cómo se manejan las cargas puede llevar a encontrar la/s intensidad/es de entrenamiento adecuadas para cada individuo.
Si bien el estudio tiene limitaciones, el proceso de generar gráficamente la PF y de esta forma tener una idea sobre cuales cargas trabajar permite a los entrenadores tener un parámetro objetivo y provee las bases para entender las dinámicas de las respuestas adaptativas del entrenamiento. No se debe descuidar que estos perfiles son dinámicos y fluctúan en función de cambios en factores externos e internos, para ello se podría graficar lo mismo, pero en boulders de cada uno de los estilos que el entrenador considere pertinente, y de esa forma acercar mucho mas el perfil a la realidad particular de cada atleta.
Los protocolos de entrenamiento que aprovechan estos gráficos que ayuden a construir un perfil de la condición física del atleta y, en última instancia, el crecimiento de la plasticidad fenotípica (antifragilidad) se verán ampliamente beneficiados.

Referencias:
Hill, Y., Kiefer, A. W., Silva, P. L., Van Yperen, N. W., Meijer, R. R., Fischer, N., & Den Hartigh, R. (2020). Antifragility in Climbing: Determining Optimal Stress Loads for Athletic Performance Training. Frontiers in psychology, 11, 272. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2020.00272
Hill, Y., Den Hartigh, R. J. R., Meijer, R. R., De Jonge, P., & Van Yperen, N. W. (2018). Resilience in sports from a dynamical perspective. Sport, Exercise, and Performance Psychology, 7(4), 333–341. https://doi.org/10.1037/spy0000118
Kiefer, A. W., Silva, P. L., Harrison, H. S., & Araújo, D. (2018). Antifragility in sport: Leveraging adversity to enhance performance. Sport, Exercise, and Performance Psychology, 7(4), 342–350. https://doi.org/10.1037/spy0000130
Kiefer, A. W (2017) Moving from biology to behavior I: Leveraging phenotypic plasticity to train beyond resiliency and toward antifragility in sport. Conference: Complex Systems in Sport 2017 International Conference: Linking Theory and Practice. October 5th, 2017 – October 6th, 2017, FC Barcelona Stadium “Camp Nou”, Barcelona. ISBN: 978-2-88945-310-8 DOI: 10.3389/978-2-88945-310-8
Taleb, Nassim Nicholas. Antifragile: Things That Gain from Disorder. New York: Random House, 2012.
7 de agosto de 2020 at 23:38
En base a lo propuesto podría asumir como antifragilidad, esta oportunidad que hemos aprovechado ante la crisis del covid… las posibilidades que se crean en función del deporte son propias de este sistema, ya que la escalada es así, nos lleva fuera de nuestros límites, nos permite explorar, crear nuevas posibilidades, estilos y técnicas, creo que aquello es lo que nos traslada al origen y lo lindo que es la escalada.
Gracias Marvin por lo entregado!
Saludos.
8 de agosto de 2020 at 08:55
Exacto Claudio!! tenés toda la razón!
28 de mayo de 2021 at 10:42
Muy buen artículo, gracias Marvin!