Según la mitología griega, en las colinas de Ática, moraba un posadero llamado Procusto, hijo de Poseidón. En su posada ofrecía alojamiento a los viajeros solitarios. Una vez alimentados los invitaba a dormir en un lecho (cama) de hierro y mientras dormían, los ataba de pies y manos a las cuatro esquinas. Si el viajero era más alto y su cuerpo mas largo que la cama, procedía a aserrar las partes que sobresalían: pies, manos y cabeza. Por el contrario, si el cuerpo era mas pequeño que la cama procedía a estirarlo a martillazos (de ahí viene su nombre: estirador). Se cuenta que tenía dos camas, una mas grande y una mas pequeña…

Los días de Procusto terminaron cuando Teseo, invirtió los roles y lo invito a comprobar si su propio cuerpo encajaba en la cama. Cuando se acostó, Teseo lo ató a la cama y, allí lo torturo para ajustarlo, cortándole a hachazos los pies y la cabeza. Teseo continuó con su andanzas llegando a matar al Minotauro, morador del laberinto: ¨¿Lo creerás, Ariadna? El Minotauro apenas se defendió.¨(J. L. Borges).

Imagen de un jarrón de Teseo ajustando a Procusto (570-560 a.C.)

Este mito se ha utilizado muchas veces para explicar algunos comportamientos del ser humano, como es el caso del síndrome de Procusto, en el cual se intenta explicar por qué aquellos que, al verse superados por el talento de otros, deciden menospreciarlos, incluso deshacerse de ellos. También le han encontrado significados en las matemáticas y en la informática. Algunos teorizan que Procusto fue el primer asesino serial (es una buena idea para una serie de Netflix), pero yo quiero referirme a otro significado.

El lecho de Procusto podría entenderse como la medida de algo a lo cual debemos forzosamente adaptarnos, ya sea porque somos demasiado grandes o demasiado pequeños. Por medida, en el ámbito del entrenamiento entiendo la realidad individual cada uno, tomando en cuenta factores, como edad, historial de entrenamiento, años en el deporte, objetivos, nivel de practica, respuesta adaptativa individual de las cargas, periodicidad y continuidad del entrenamiento, antecedentes de lesiones, etc. Todas estas cuestionen hacen a la individualidad.

El proceso de perfeccionamiento deportivo, según Y. Verkhoshansky depende de dos factores: el aumento del potencial motor y la habilidad del deportista de aprovechar de manera eficaz ese potencial en entrenamiento y competencias (o escalada en la roca). Con el aumento de la maestría se saca cada vez mayor partido de su capacidad de trabajo, entonces cualquier progreso dependerá cada vez mas en mayor medida de ese aumento de potencial.

Tendencia al aumento del potencial motor del organismo (P) y de la habilidad del deportista para aprovecharlo con eficacia (H) con el progreso de la maestría (M). C representa la dinámica del crecimiento de la fuerza de los influjos específicos de entrenamiento en el organismo.

Los estímulos de entrenamiento deberán acompañar esa habilidad de aprovechar ese potencial, en su medida justa, ya que si son excesivos puede ocurrir que se salteen etapas o se sobreentrene. Cada medio y método que utilicemos para entrenar tiene una carga justa que produce mejoras para cada individuo. Lograr utilizar la menor carga (carga optima) que produzca las mayores mejoras es lo fundamental: menos es mas, en realidad, lo justo y necesario es más que cualquier otra combinación. Si hacemos por demás adelantamos escalones, pero impedimos generar adaptaciones con cargas mas bajas que luego ya no nos servirán de nada. Saltear etapas a la larga será contraproducente.

Me gusta comparar este proceso como una escalera, donde cada escalón sirve para generar adaptaciones. Cuando salteamos uno de esos escalones, nos estamos perdiendo la capacidad adaptativa de ese escalón que no usamos, es decir que perdemos la opción de una carga optima de trabajo. El desconocimiento y la falta de una planificación adecuada de las cargas, sobre todo en poblaciones juveniles donde  los progresos son por lo general muy rápidos, ya que asimilan rápidamente las cargas tiene el riesgo de ponerle un techo mas rápido a la vida del deportista (que sin dudas ese techo es potencial). Si no se contemplan las estructuras que se estresan, ya sean físicas y fisiológicas, como pueden ser los tendones, cartílagos de crecimiento, etc. y psicológicas el problema puede ser mayor, como una lesión limitante por estrés o sobreuso o el síndrome del burn out psicológico con el consiguiente abandono de la actividad.

Imagen extraidad del estudio: Schöffl, I., & Schöffl, V.R. (2016). Epiphyseal stress fractures in the fingers of adolescents: Biomechanics, Pathomechanism, and Risk factors.

Es preocupante el aumento al menos en Europa de las fracturas epifisiarias en los dedos en crecimiento en adolescentes, como lo demuestra uno de los últimos estudios publicados (Lutter y cols, 2020). Esto habla de una mala (pésima) adecuación de los medios y métodos de entrenamiento en esta población, que sin dudas también se debe trasladar a otras poblaciones que no tienen tanto riesgo de este tipo de fracturas.La imagen (MRI) muestra el daño permanente en el cartílago de crecimiento de la articulación interfalángica de un escalador (Schoffl, I y Schoffl V., 2015).

            Es por esto, para cada individuo corresponde una carga única e individualizada teniendo en cuenta el contexto especifico. Las recetas que se encuentran por todos lados cuando se busca algún entrenamiento son como la cama de Procusto, si intentamos acomodarnos nosotros a ellas deberemos sacrificar en el mejor de los casos las extremidades y la cabeza (si es que la cama nos queda chica y estamos sobrados para esa carga), sin lograr grandes avances y manteniéndonos fuera de las lesiones, o estirar nuestro cuerpo a fuerza de desgarrar las extremidades para ocupar la cama (con gran riesgo de lesión y/o sobreentrenamiento) en el peor de los casos.

            Siempre va a ser recomendable buscar un vendedor de camas que entienda, mida, evalúe  y analice nuestras dimensiones y a partir de ahí indique que cama es la que se adapta a nuestras reales posibilidades individuales.

Bibliografía:

C. Lutter, T. Tischer, T. Hotfiel, L. Frank, A. Enz, M. Simon, V. Schöffl. (2020). Current Trends in Sport Climbing Injuries after the Inclusion into the Olympic Program. Analysis of 633 Injuries within the years 2017/18. Muscle Ligaments and Tendon Journal. Nr 2020;10 (2):201-210

Schöffl, I., & Schöffl, V.R. (2016). Epiphyseal stress fractures in the fingers of adolescents: Biomechanics, Pathomechanism, and Risk factors.

Y. Verkhoshansky. (2002) Teoría y Metodología del Entrenamiento Deportivo. Ed. Paidotribo. Barcelona, España